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LA REGLA, CRITERIO E INTELIGENCIA
Desde el día de mi Iniciación me ha gustado ver la
regla en la mesa de nuestro Segundo Vigilante. De buena madera,
la he tocado y revisado en numerosas ocasiones y creo que es un
instrumento simbólico fundamental para un masón. Es
el símbolo de la búsqueda de la perfección
como instrumento de medida. Es orden y concierto invariable de la
justa medida que guardan todas las cosas. Estemos donde estemos,
debemos tomarla, medir, calcular, trazar y así obtener el
equilibrio en el conducir diario de nuestra existencia.
Si el mazo manifiesta la firme voluntad del Iniciado, su fuerza
y esfuerzo constante por trabajar día a día su piedra
bruta; y el cincel es símbolo de nuestra sabiduría
y capacidad para modelar nuestra piedra bruta; la regla de veinticuatro
pulgadas simboliza la actitud juiciosa, comedida y el armónico
equilibrio como objetivo de 24 horas al díaa, tantas como
pulgadas nos muestra. Y hay mucho más. De la regula
latina también damos el nombre de regla a las leyes y preceptos
universales que constituyen los deberes y los derechos de los hombres.
Indica los principios, las máximas, los axiomas, la razón,
la norma, la medida, el orden, el sistema, el método....
para garantizar un orden social que evoluciona y cambia, como la
propia reglamentación, que siempre le acompaña. Tanta
significación racional y de equilibrio, tanta simbología
confluyen, para mí, en el título de mi plancha: "criterio
e inteligencia". Es decir, medida, mesura, visión de
conjunto, raciocinio; frente al impulso emocional directo, al pellizco
vital del que tantas veces abusamos para justificar acciones sin
regla, sin criterio, sin inteligencia.
Simbólicamente, la regla nos indica, y nos recuerda a cada
momento, la estricta obligación que hemos contraido como
masones de no separarnos del camino que nos conduce por la línea
recta e inflexible del Deber y del Derecho, entendida como regla
de convivencia. Después de todo, parece sencillo. No nos
dejemos llevar por los impulsos irracionales y utilicemos simbólicamente
la regla para optar por actitudes de equilibrio y de norma, que
nos permitirán una relación estable y duradera con
nuestros iguales y con nosotros mismos.
¿Cuál es el problema entonces? La propia regla nos
lo dice; que todo es un camino, una búsqueda, una batalla
interna de la que extraemos enseñanzas para conducirnos.
Que hay caídas y que siempre tendremos que levantarnos y
volver a tomar la regla para aplicar, de nuevo, criterio e inteligencia
donde no ha habido y volver a empezar. Este es el punto fundamental
para mí. No reconocernos imperfectos, incapaces, inexpertos,
es ya una falta que acabaremos pagando y creo que si estamos aquíes
precisamente porque reconocemos esa búsqueda y compartimos
herramientas para mejorar, usando, entre otros, el simbolismo de
la regla, que nos recuerda de dónde venimos y nos muestra
un camino orientador y normativo que, a fuerza de haberlo recorrido
antes muchos miles de hermanos antes que nosotros, está desbrozado
y más o menos limpio. Ahora, nos corresponde a nosotros seguir
trabajando en él para que nuestra piedra bruta sirva al conjunto
de la obra a la que todos aspiramos.
Resumo, pues; criterio e inteligencia en la búsqueda de
la perfección, con el ánimo siempre dispuesto a levantarnos
cuando el camino, por oscuro y difícil, nos haga caer, recurriendo
siempre a la regla, como foco de orden y capacidad. Regla, por otra
parte, de 24 pulgadas, tantas como horas, que tradicionalmente se
divide en esas 8 horas para el trabajo, otras tantas para el descanso
y otras tantas para el cultivo sobre nosotros mismos y nuestro entorno,
incluido el ocio. También se puede dividir en 12 + 12; noche
y día, claro y oscuro, bien y mal... Nadie tiene equilibro
interior si no reconoce este proceso, por mucho que la vida de hoy
lo está modificando hacia valores más prácticos.
Dicho esto, quiero mostrar ahora a mis hermanos otra visión
de la regla, también de profundo contenido simbólico
para mí. Este pequeño instrumento que tengo entre
mis manos, obtenido en el Museo Vasa de Estocolmo, donde se muestra
el galeón hundido el 10 de agosto de 1628, es la regla de
los carpinteros de ribera de toda Europa en los siglos XVI y XVII.
Tiene 11 pulgadas, la mitad de ellas divididas también por
la mitad y la del centro, componiendo un ángulo recto o Y
griega para trazar ángulos.
Aquí, en estas 11 pulgadas, están todas las medidas
para construir un galeón, sin excepción. Su manejo
simboliza el criterio, la inteligencia y la medida de todas las
cosas y no habrá hombre o mujer capaz de construir algo grande
que no sea capaz de manejarla en todos sus términos, incluyendo
la posibilidad de multiplicar por mil su propia capacidad de medir
para conseguir objetivos mucho más allá de su propio
concepto.
Hace ya muchos años que me acompaña y la tengo siempre
en mi escritorio, cono un amuleto (qué palabra más
poco racional) que me inspire en los momentos difíciles y
me haga encontrar la justa medida de las cosas. La seguridad de
su tacto, su rectitud y tamaño tan portátil y económico,
la han situado siempre a mi lado, sugiriendo reglas de comportamiento,
por ejemplo en la escritura de esta misma Plancha que estoy a punto
de concluir.
Es verdad que el galeón Vasa se hundió nada más
ser botado. Le falló el equilibrio y perdió el centro
del gravedad, ya que el Rey había ordenado que se doblara
y elevara demasiado la línea de cañones y no utilizaron
la regla para contravenir la orden del monarca. Pero esa es otra
historia.
He dicho.
MD
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