| A LA G.·. D.·.
G.·.A.·.D.·.U.·.
S.·.F.·. U.·.
25 aniversario
Muy Respetable Gran Maestro,
dignidades del Oriente, QQ.·. HH.·. y HHaa.·.,
en vuestros grados y cualidades:
Los seres humanos somos muy
dados a las celebraciones. Celebramos nacimientos, esponsales, bautizos,
muertes, iniciaciones, victorias, inauguraciones, catástrofes,
solsticios, equinoccios, etc. Unas celebraciones son gozosas y otras
desdichadas. Pero el caso es que nuestro ánimo se siente
impelido a manifestar la importancia del evento realizando actos
solemnes y excepcionales. Después, cada año, recordaremos
estos hitos biográficos conmemorándolos con ceremonia
y relieve, porque consideramos que estos acontecimientos que ocurrieron
en nuestras vidas no deben ser olvidados por la trascendencia que
han tenido para nosotros.
Y puede parecer muchas veces
que estas celebraciones sólo se deben al automatismo impuesto
por las costumbres y que las aceptamos de muy buen grado porque
siempre vienen acompañadas de una buena mesa, música
y el placer de ver a los amigos y la familia que tanto tiempo hacía
que no encontrábamos. ¿Los discursos? ¡que nunca
faltan! son sólo una pequeña molestia que hay que
soportar.
Pero, nosotros los Masones,
raros como somos, nos complacemos con el rito y los discursos. Tenemos
que sacarle todo el jugo a las situaciones, tenemos que sacudirnos
de encima la pegajosa costumbre para ver qué es lo que hay
debajo ¡Ese es nuestro oficio!
Llevada por este afán
desentrañador, me gusta ver los aniversarios como una mirada
reflexiva que echamos a nuestra biografía, a nuestra historia,
con la intención de entresacar, entre todo el cúmulo
de acontecimientos que la componen, aquellos que resultaron ser
las claves que hicieron posible que hoy estemos aquí, con
nuestras especificidades. Se trataría pues de realizar una
valoración consciente de nuestros elementos constituyentes,
más que buscar recrearnos en nuestros éxitos.
Visto así, lo importante
en la conmemoración que hoy estamos llevando a cabo, no es
haber cumplido 25 años, aunque el simple durar ya sea algo
que festejar. Para mi, tiene más utilidad saber cuales han
sido las decisiones, las soluciones, los conocimientos específicos
que han permitido cumplir estos 25 años con un indudable
buen resultado de estabilidad, productividad y conciencia institucional.
Yo podría hablar con
propiedad de la historia de esta Respetable Logia pero ya lo han
hecho los oradores que me han precedido. Lo que sí puedo
es contribuir a resaltar un rasgo que me parece absolutamente esencial
para comprender lo que es la R.·. L.·. Obreros de
Hiram, nº 29. Quiero referirme al alto sentido obediencial
del que ha hecho gala durante estos 25 años. Y digo que esto
sí puedo hacerlo porque este rasgo es especialmente relevante
y aparece de manera preeminente en toda su historia.
La R.·. L.·.
Obreros de Hiram, nº 29, considerada en su conjunto, incorpora
en su cultura propia, ese conocimiento, esa sensibilidad especial
para apreciar la dimensión institucional de su misma entidad.
Tiene plena conciencia de que su existencia, su salud, depende de
la existencia y salud de la Obediencia. ¡La parte con la conciencia
del todo!
Para una institución
como la Masonería, que cuenta su edad por siglos, celebrar
los 25 años de existencia de nuestra Logia no denota desde
luego nuestra solera, pero sí significa que hemos alcanzado
nuestro primer puerto importante en el tiempo. Y esto es un signo
de estabilidad, de fuerza, de acumulación de experiencia
y de reconocimiento en el ámbito masónico español
suficiente como para encarar nuestro futuro con una razonable confianza.
La arena del reloj cósmico
se desliza inexorable e indiferente. Sin embargo nuestra trayectoria
en el tiempo no debe ser un continuum sólo alterado
por las circunstancias. Debemos crear ritmos que nos den conciencia
de su paso para así aprehenderlo mejor y poder distribuir
nuestra acción de manera sincronizada con los diversos acontecimientos
que ocurren en nuestro entorno. Por eso debemos ir dejando testimonios
de nuestros balances y de nuestros resultados.
Dentro de 25 años,
los que en ese momento tengan la responsabilidad de dirigir los
pasos de nuestra Logia, harán un alto en el camino para reflexionar
sobre el camino recorrido y evaluarán en que medida son deudores
de un pasado y en que medida dependen de la correcta visualización
del futuro porque es en el futuro que cobramos nuestro salario,
es él quien verifica el valor de nuestra obra.
Seria inexcusable no recordar
y expresar, todos, nuestro reconocimiento a los V.·.M.·.
que nos han precedido. Cada uno de ellos a cubierto la etapa de
constitución y maduración que, en su conjunto, han
permitido que hoy nos encontremos todos aquí, acogidos en
una Logia con un proyecto de futuro, actualizada, floreciente, haciendo
de la reflexión ética y estética el quehacer
cotidiano..
Sin el impulso creador de
nuestros queridos hermanos José Ramos y Pierre Barrera, hoy
ya en el Oriente Eterno, su fuerza, su constancia, sus méritos
masónicos reconocidos sobradamente allende nuestras fronteras,
la criatura, sencillamente no hubiera nacido. Hay que reportarse
25 años atrás para evaluar justamente las dificultades
que presentaba el contexto.
A nuestro querido hermano
José Luis Cobos, le debemos el haber tenido la valentía
y la decisión de abrirse a las demandas de una sociedad moderna
sin por ello vulnerar la más pura esencia de nuestra Orden,
así como, de haber instaurado en nuestra Logia los cursos
de formación que han contribuido a restaurar la tradición
masónica perdida con la dictadura.
A nuestro querido hermano
Antonio Oliva le debemos ese ejercicio de mesura, de ponderación
y de discreción. Y también nuestro reconocimiento
y agradecimiento para todos los VV.·.MM.·. que ha
tenido nuestra Logia y que han contribuido a que hoy seamos lo que
somos.
En resumen, queridos hermanos,
25 años de esfuerzos en torno a un proyecto de masonería
que presenta un discurso vivo, actual, capaz de asumir la tarea
de reflexión permanente sobre los valores que un mundo tan
vertiginosamente cambiante cuestiona a cada pálpito. Actualidad
que se hace posible porque esta reflexión se fundamenta en
las raíces mismas de nuestro trabajo iniciático.
En este capítulo de
los reconocimientos, quisiera ahora expresar en nombre de nuestra
R.·. Logia y en el mío propio nuestro agradecimiento
en primer lugar a nuestro Gran Maestro Jordi Farrerons y a todos
los hermanos y hermanas que os habéis desplazado hasta estos
Valles Sevillanos para compartir estos trabajos, a costa de vuestro
esfuerzo personal y material.
Igualmente, agradecer muy
especialmente la presencia de aquellos hermanos y hermanas que vienen
de Orientes allende nuestras fronteras y que testimonian así
el valor universal de nuestra Orden: A todas las Delegaciones de
otros Grandes Orientes les damos las gracias por estar aquí
compartiendo este feliz acontecimiento con nosotros.
He dicho.
Ascensión Tejerina
V.·.M.·.
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