| La Masonería ante la Crísis
del Medio Ambiente
Por Iván Herrera Michel
Palabras pronunciadas el día 28 de marzo
de 2009 (E:. V:.), en el Or.. de Iquitos, República del Perú,
en el Coloquio internacional que sobre la Crisis del Medio Ambiente
se desarrollo en el marco de la celebración del 32º
Aniversario de la Gran Logia Oriental del Perú, en el auditorio
principal del "Centro de Referencia e Información de
Suelos de la Amazonía Peruana" (CRISAP), del 27 al 30
de ese mismo mes, que reunió a Grandes Maestros, Grandes
Maestras y Soberanos Grandes Comendadores del REAA de Perú,
América y Europa.
Muy Resp:. Y Ser:. Gran Maestro Walter Vargas
Portocarrero, de la Gran Logia Oriental del Perú,
Ven:. Hno:. Jorge León Cabrera, Presidente
de la Confederación de Grandes Logias Masónicas del
Perú CONFEGLOMAS,
Señor Presidente de la Confederación
Interamericana de Masonería Simbólica CIMAS
-, Muy Resp:. H:. Elbio Laxalte Terra,
Distinguidos Dignatarios de la República
del Perú,
Muy Respetables y Serenísimos Grandes Maestros
y Grandes Maestras Peruanos y Visitantes de Europa y América,
Dignidades y Oficiales de la Masonería
Peruana y Representantes de Grandes Logias y Supremos Consejos de
Europa y América,
Queridos Hermanos y Queridas Hermanas,
Ciudadanos peruanos que me han honrado con su
amable acogida,
Señoras y señores que nos honran
con su presencia,
Reciban ante todo, un fraternal y cálido
saludo de este Masón latinoamericano que ha venido de lejos
para darse el gusto de saludarlos personalmente recorriendo los
legendarios caminos del evocador Tahuantinsuyo Inca, dentro del
marco de los festejos del trigésimo segundo aniversario de
labores Masónicas de la Muy Resp:. Gran Logia Oriental del
Perú, con sede en el Oriente de Iquitos, en la tierra de
los Boras ubicada en pleno corazón del ecosistema amazónico.
Permítanme, por favor, comenzar estas cortas
palabras confesándoles que yo podría tener sólidas
razones para creer a pie juntillas que el majestuoso espectáculo
de la vida, que hoy se impone arrogante ante nuestra vista, es tan
sólido que es imposible que esté en peligro por cualquier
cosa que nosotros pudiéramos hacer.
Me explico mejor: yo acabo de hacer un viaje fascinante
desde el azul inmenso e interminable del Mar Caribe colombiano hasta
el verde intenso y profundo de la Amazonía peruana.
De tal forma, que es un poco contraevidente para
mí concluir que esta exuberante fiesta de la vida que nos
rodea estuviera en peligro por unas cuantas chimeneas, por unos
cuantos cultivos, por unos cuantos desarrollos turísticos,
y por unos cuantos etcéteras.
Es decir, que para mí bien podría
no ser tan fácil en estos momentos creerle al instituto de
investigación tropical Smithsonian en Panamá, cuando
afirma que cada minuto desaparece un área de selva virgen
amazónica equivalente a cincuenta campos de fútbol.
O aceptar que el 17% de la Amazonía ya ha desaparecido por
cuenta de un modelo económico no sostenible.
Pero lo cierto, es que, pese a lo que a mí
me pueda parecer a simple vista, la mayoría de los hombres
de ciencia del mundo nos están mostrando indicadores preocupantes
acerca del impacto del mayor dióxido de carbono en las condiciones
necesarias para la supervivencia de la civilización.
Ellos nos recuerdan a cada momento, que hay que
enfriar un planeta que se está calentando a un ritmo inusual.
Al parecer, el mensaje central de las precauciones actuales es que
si fuimos capaces de calentar el planeta, deberíamos ser
capaces de enfriarlo.
No creo que me corresponda en estos momentos,
recordar lo que todos sabemos acerca de la necesidad de la reducción
de la producción del dióxido de carbono, de la necesidad
de reciclar las basuras, de la necesidad de gastar menos energía
de origen fósil, de la necesidad de bañarnos rápido
y en pareja, de la necesidad de reducir el uso de aires acondicionados,
de la necesidad de aprovechar al máximo la luz solar, de
la necesidad de no usar mucho el automóvil, etc., etc.
Y no es porque la vida esté en peligro
de desaparecer de la Tierra a causa de ese dióxido de carbono.
Sobre eso no existe actualmente un riesgo serio.
La vida en la tierra es muy terca. Al fin y al
cabo prosperó sin oxigeno y sin ningún problema, durante
sus primeros 2.000 millones de años en nuestro planeta. De
tal manera, que la tenaz persistencia y adaptación de la
vida a situaciones extremas hace que el tema central de las preocupaciones
por el cambio climático sea por la supervivencia de la civilización
humana tal como la conocemos y por el sufrimiento masivo que esto
causaría a miles de millones personas.
Por otra parte, es posible que las poblaciones
humanas que habitan actualmente esta selva Amazónica estén
mejor preparados para sobrevivir a la calentura actual, sin que
podamos saber en este momento si deberán adaptarse - y en
qué sentido -, a las nuevas cadenas alimenticias y a las
nueva De tal forma, que puede que sean ellos, y no nosotros los
citadinos - ni los que vivimos a orillas de los mares, ni los que
habitamos en ecosistemas menos sólidos -, los antepasados
de una nueva humanidad que persista en la tendencia de contar con
un cerebro cada vez más funcional, en la habilidad de hacer
herramientas cada vez más útiles, en la capacidad
de comunicarnos, en la propensión iniciática, en el
disfrute de la poesía, en la construcción de la democracia,
en la organización de foros como este, etc., etc. s condiciones
climáticas.
O también, pueda que nuestros sobrevivientes
sean los antecesores de una nueva especie que no sea capaz de repetir
una civilización como la que ahora conocemos y solo cuenten,
como los delfines, con sistemas básicos de comunicación
y socialización.
A mí me sorprenden mucho las ideas que
han surgido para cuidar nuestro hábitat. Hace poco leía
en la edición virtual del diario El País, de España,
cinco imágenes muy creativas que me llamaron la atención.
La primera, es cultivar y abonar el plancton de
los océanos para absolver de la atmósfera grandes
cantidades de dióxido de carbono con destino a su propia
fotosíntesis. El problema aquí, es que nadie sabe
cómo sería el impacto en el ecosistema natural de
los océanos.
La segunda, es simular una erupción volcánica
para llevar a la estratosfera millones de toneladas de partículas
de dióxido de azufre para evitar que una parte de la energía
solar llegara a la tierra. El problema en esto, es que la capa de
ozono se resentiría.
La tercera, consiste en volver a las nubes más
brillantes con el fin de devolver al espacio una gran parte de la
luz solar, regándolas con agua de mar para crear innumerables
gotas en torno a los granos de sal. Parece que el alto número
de barcos necesarios para ello hace incosteable el proyecto.
La cuarta, es construir un paraguas espacial muy
grande. Ubicando a un millón ochocientas cincuenta mil kilómetros
de la Tierra 16 millones de millones de finísimos discos
de silicio que formarían una gigantesca sombrilla planetaria.
El problema de esta idea, es que se necesitan unos 100 años
para fabricar los discos necesarios. Y,
La quinta idea, sería capturar carbono
en un programa global para almacenarlo en el fondo del mar donde
las altas presiones lo volverían líquido. En esta
iniciativa, el problema es que nadie sabe cuál sería
el impacto de esta novedad en la vida marina.
De todos modos, el economista indio y premio Nobel
de la Paz del año 2007, Rajendra Pachauri, advirtió
en una entrevista concedida al periódico francés Le
Monde, en julio de ese mismo año, que "para contener
el alza de las temperaturas entre 2 y 2,4 grados centígrados,
lo que según los estudios es el límite para no ponerse
en grave peligro, sólo nos quedan siete años".
Y concluyó que "si las temperaturas siguen aumentando,
la penuria de alimentos se agravará".
En la República de Kiribati, que está
conformado por un archipiélago de 33 islas ubicadas entre
Hawái y Australia, en la mitad del Océano Pacífico,
y en la República de las Maldivas, que integran 1.196 islas
del Océano Índico, ya se está analizando con
mucha seriedad la compra de territorios en otras partes del mundo
para reubicar a sus pobladores, por cuenta del aumento del nivel
del mar.
Algo que parece estar muy lejano para alguien
que, como yo, se mueve entre esa gran matriz de la vida que es el
mar Caribe y este poderoso pulmón del planeta que es la selva
Amazónica.
Sin embargo, todo parece indicar que el aire limpio,
el agua limpia, la tierra húmeda, los bosques sanos y la
biodiversidad actual, son privilegios en retroceso que serían
reemplazados por la sequía y la hambruna como motor y combustible
del éxodo de millones de refugiados y nuevas confrontaciones
por el acceso y la propiedad del agua y los alimentos.
Cuando mencionamos la República de Kiribati,
tendemos a pensar que es algo muy lejano y aislado, pero cuando
recordamos los estragos del Katrina en New Orleans en el año
2005, que colmó de sufrimiento humano nuestras pantallas
de televisión, ya lo sentimos como algo más cercano.
Pero en realidad, se trata de dos manifestaciones de una misma amenaza.
Ahora bien y es el motivo principal de
reflexión al que nos convoca la Gran Logia Oriental del Perú
en su trigésimo segundo aniversario : ¿cuál
puede ser el papel al que está llamada la Masonería
en esta crisis civilizacional sin precedentes?
En principio, pienso que el papel sería
el mismo que el de cualquier otra institución formada por
hombres y mujeres libres que se reúnen, juntos o por separados,
en plena libertad de conciencia y respeto mutuo, a analizar los
grandes temas de la humanidad.
Para ello, nuestras herramientas de diseño
y construcción deben ir dirigidas a desbastar nuestras insensibilidades
planetarias con el fin de colocarnos, ya no en el lugar del otro,
sino, en el lugar de los otros, en el lugar del colectivo y en el
lugar de la especie.
Y en esto, el tema de la inclusión en medio
de la diversidad humana, así como el de la respuesta que
damos a esa diversidad, es esencial. Habría que trabajar
en la construcción de la solución medio ambiental
a las necesidades de todos las personas, sin ningún distingo
y sin exigirle a ningún colectivo adoptar los sistemas de
valores de otros. La opción por la conciencia de la heterogeneidad,
es fundamental en cualquier política que se adopte.
En esta dirección, los Derechos Humanos
de tercera generación, es decir los de los grupos y colectivos,
podrían ser una fuente adicional de inspiración al
momento de dedicarnos a nuestras especulaciones Logiales. El egregor
de la Logia haría su trabajo, como ya lo hizo cuando había
continentes que liberar, libertades que declarar, igualdades que
reconocer y fraternidades que profesar, y los Masones llevamos estos
temas a nuestros Talleres y luego extrapolamos nuestras conclusiones
a todo un mundo.
Hoy de nuevo la humanidad, ante su mayor reto
de supervivencia, nos cuestiona el objeto de nuestras reuniones.
Es una cuestión que se puede abocar desde
la Masonería con una visión tridimensional del problema.
Vale decir, filosófica, sociológica e institucional.
Filosófica: en cuanto se refiere a la razón
de ser, a los valores, y a los fines últimos de la Orden.
Sociológica: en lo que tiene que ver con
el impacto y la eficacia de los hechos Masónicos en la realidad.
E,
Institucional: colocando el acento en lo que pasa
en las Obediencias y en los Talleres, en su estructura organizacional,
en su orientación ideológica, así como en la
ciencia, en la doctrina y en el arte Masónico.
De allí, la siguiente dimensión
de trabajo sería obligatoriamente la extensión y puesta
en escena del problema mediante todo tipo de herramientas virtuales,
impresas, colegiadas, populares, parlamentarias, individuales, dialógicas,
etc. Este Coloquio que hoy nos reúne es una excelente muestra
de ello.
O sea que, ni más ni menos, podríamos
hacer lo mismo que hemos venido haciendo desde siempre e instrumentar
el mismo modelo de expansión de los siglos XVII, XVIII, XIX,
XX y XXI, con los conceptos de libertad, de igualdad, de fraternidad,
de laicidad, del método científico, de la filantropía,
de la lucha contra las esclavitudes físicas y sicológicas,
del sistema parlamentario, de la república liberal, y de
un largo etc. de retos civilizacionales a los que la Masonería
ha acompañado, en público y en privado, dentro de
las paredes de sus Templos y fuera de ellos, como ninguna otra institución
en la historia de la humanidad.
Yo no creo que haya necesidad de actuar sistemáticamente
de manera diferente a como lo hemos hecho en las grandes gestas
Masónicas. Sino, en mi concepto, de redireccionar muchos
de nuestros esfuerzos constructivos en la dirección del cambio
climático, tal como se hizo en el pasado con las redes Logiales
que coadyuvaron con la independencia de América Latina, por
ejemplo, o con la efervescencia que desde Francia se propago en
relación con la Declaración de los Derechos del Hombre
y del Ciudadano, o con la participación de los Masones que
posibilitaron la creación de la Organización de las
Naciones Unidas, para citar unos pocos ejemplos.
Sin ebargo, no podemos desconocer que la experiencia
nos ha mostrado que la Masonería en cada sociedad tiene un
accionar propio dependiente de la realidad en que opera. Podríamos
citar muchos ejemplos. El del ingreso de la mujer, es apenas uno,
y lo traigo a cuento solo por su vibrante actualidad.
No es coincidencia, por ejemplo, que siendo mi
país el último de Latino América que le dio
el voto a las mujeres, su Masonería sea tan reacia en términos
mayoritarios a incorporarlas en igualdad de condiciones con los
hombres. En este tema, como en algunos otros que pertenecen a la
sociología, la lógica de la fraternidad, que es el
gran elemento aglutinador de la Masonería, así como
la bandera de la igualdad, que es de las mayores consignas que ha
poseído la Orden, terminan seriamente afectadas.
En el tema del cambio climático, que es
otra forma de nombrar el calentamiento del planeta, no veo por qué
pueda existir una excepción a la regla general de que la
sociología suele terminar imponiéndose en la Masonería.
Yo no soy de los que cree que antes del plazo
de siete años otorgados por nuestro Premio Nobel indio para
iniciar medidas urgentes, la Masonería universal, en todas
sus vertientes y orientaciones, se organizará en un uno y
único plan común contra el cambio climático.
Mis razones son de índole pragmático:
la Masonería siempre ha estado dividida en sus aportes a
la humanidad y no veo razón práctica a corto plazo
para que todas sus partes decidan priorizar el tema del cambio climático
por encima del que tópico que vienen trabajando muy bien,
y desde el que hacen importantes aportes a la sociedad.
Por ello, sencillamente, yo convoco a las Grandes
Logias que se han vinculado a esta invitación trascendental
que nos hace la Gran Logia Oriental del Perú, en su trigésimo
segundo aniversario, a colaborar con la edificación de un
futuro sostenible para la humanidad en la medida de sus alcances
y en el de sus miembros, lo cual, dado los desarrollos tecnológicos
actuales en materia de comunicación es mucho más eficiente
de lo que nos podemos imaginar a simple vista.
Somos un colectivo de hombres y mujeres libres
y de buenas costumbres con una jornada de trabajo por delante y
con el único salario prometido de la supervivencia de la
civilización humana.
Nosotros los Masones, somos un poco como la etnia
Boras que he venido a conocer personalmente en estas tierras. Como
ellos, vivimos de nuestras tradiciones y en nuestros imaginarios
encontramos la inspiración para la construcción de
nuestras vías iniciáticas. También como los
Boras, nuestros mitos y leyendas, vividos, contados, repasados y
comentados en múltiples reuniones, impregnados de la memoria
colectiva de la Orden, nos impulsan siempre a la interpretación
del presente.
El Masón francés Víctor Hugo,
alguna vez afirmó que el futuro tiene muchos nombres:
para los débiles, es lo inalcanzable; para los temerosos,
lo desconocido; y para todos, es la oportunidad. Por su parte,
el también Masón Antoine de Saint Exupery, autor de
El Principito, dijo que el futuro tiene exactamente
las mismas dimensiones de los sueños.
Confiemos en que, por diversos motivos y oportunidades
- y por que ya las condiciones están dadas y la tarea se
ha tornado inaplazable el trabajo Masónico que emprendemos
hoy será excepcional en logros para la humanidad, y en que
en este nuevo combate la Masonería tendrá la grandeza
de nuestros sueños y la altura de nuestras glorias pasadas.
Muchas Gracias a todos.
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