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Las Logias del Siglo XXI (algunas reflexiones en torno a Daniel
Beresniak)
Creo que no sería justo empezar la
lectura de esta plancha sin tener un recuerdo para los HH..
belgas que hace 37 años, en 1973, levantaron columnas en
Oropesa del Mar con el objetivo de ayudar a la reconstrucción
de la masonería española, dejada en ruinas por la
obsesiva persecución de la dictadura del general Franco.
Clandestina y generosamente,
contribuyeron de manera significativa a nuestra realidad actual,
a la que podemos y debemos diseccionar críticamente, pero
que no deja de ser una realidad estimulante y muy lejana de aquel
páramo, todavía envuelto en las tinieblas del franquismo.
Aquella logia, con un nombre
tan masónico como el de La Luz, se integró
luego en la Gran Logia Simbólica Española (G..
L.. S.. E..) y desde el Or.. de Oropesa
se trasladó al Or.. de Gante, donde ejerce su papel
de Embajadora ferviente de la idea de una Masonería Universal.
Nuestra logia hermana La
Luz es un verdadero Centro de Unión y de acogida fraternal,
para masones de cualquier Obediencia. Su acendrado carácter
liberal y adogmático influyó en la orientación
de la G.. L.. S.. E.. El espíritu
que anima a nuestros HH.. de la R.. L.. La Luz
me parece ejemplar y es una muestra de la sabiduría, la fuerza
y la belleza que han jalonado la historia de la masonería
belga.
No voy a pretender ahora
realizar un panegírico de la gran tradición que atesoran
los masones de los orientes belgas. Pero creo que ni yo ni los hermanos
españoles que hoy nos encontramos aquí podemos dejar
de sentir y de expresar la emocionada alegría de estar en
este momento, junto a QQ.. HH.. belgas, decorando las
columnas de este templo del Gran Oriente de Bélgica.
Ahora bien, esta referencia
inicial no sólo es justa; creo que es también oportuna,
porque, como podremos ver más adelante, las reflexiones en
torno a Daniel Beresniak que hoy voy a leer (bajo ese título-paraguas
de Las Logias del siglo XXI) creo que participan, precisamente,
de ese espíritu que anima a nuestros QQ.. HH..
de La Luz.
Muchos masones españoles
no conocen, seguramente, la obra de Daniel Beresniak, que, sin embargo,
tiene una cierta influencia, o mejor dicho, una influencia cierta
en la masonería liberal española. Para empezar, y
sin ir más lejos, en esta Logia de Estudios Theorema,
donde HH.. como Javier Otaola o Jose Luis Cobos cultivan el
pensamiento masónico de Daniel Beresniak, reconociendo su
fecunda y esclarecedora influencia. Yo conocí la obra de
Beresniak a través de la recomendación que me hizo
en su día Javier Otaola. Excelente recomendación que
sólo puedo agradecer recomendando a mi vez la lectura de
sus libros; eso sí, recordando lo que Beresniak advierte
al lector que se identifica con sus opiniones.

¡Atención!
dice Beresniak- No hagas de nuestro discurso una verdad absoluta,
y de esta verdad una ortodoxia. Nuestro discurso esclarece. Tiene
esa pretensión. Pero no esclarece todo. Para esclarecerlo
todo debe asociarse, a la fuerza, a todos los demás discursos,
diferentes e inversos (Fin de la cita)
Daniel Beresniak, muerto
en la noche del 26 de Abril de 2005 tras haber asistido a una Tenida
en la que se festejaron sus cincuenta años de vida masónica,
nació en París en el seno de una familia judía
proveniente de Ucrania.
Psicoanalista, lingüista, fervoroso aficionado a la Filosofía
y a la Historia, maestro masón del Gran Oriente de Francia,
hombre de una vasta y cimentada cultura, es autor de cerca de cuarenta
libros, en su mayor parte divulgaciones y ensayos sobre masonería.
Es, desde luego, uno de los
nombres más referenciales de la bibliografía masónica
y su figura se inserta en esa extraordinariamente fértil
tradición del ensayismo masónico francés, en
el que nombres como los de Oswald Wirth, Jules Boucher, Paul Naudon
o Edouard Plantagenet son ya clásicos, y en el que una pléyade
de autores continúa enriqueciendo y aportando luz a la gran
familia masónica universal.
Libros como ´Ritos
y símbolos de la francmasonería, Lo secreto
y lo compartido, El espíritu de la geometría
o El juego de Hermes me han cautivado por su
maravillosa y radical libertad de espíritu, por su rigor
conceptual e histórico, por el hermoso aroma de fraternal
bonhomía que desprenden y que se compadece perfectamente
con una mirada crítica, es decir con una mirada que no se
conforma, que quiere siempre ir más lejos y quiere,
desde luego, unir lo disperso, el viejo principio masónico
que nos viene de los mitos y que es, para Beresniak, el principio
del conocimiento y el proyecto del masón.

De los libros de Daniel Beresniak
hay uno, titulado Demain la Franc-Maçonnerie
(Mañana la Francmasonería) que es la mejor
reflexión, y la más moderna, que yo, personalmente,
haya leído hasta ahora sobre nuestra Orden, y que a su interés
para los masones une su carácter de magnífica introducción,
así lo creo, para todos aquellos que quieren acercarse o
conocer lo que es y pretende ser la Francmasonería.
En ese libro he buceado y
ahora lo utilizo como eje referencial de las reflexiones o consideraciones
que he querido reflejar en esta plancha, cuyo título puede
llevar a confusión porque, quizá, alguno de entre
vosotros espere una exposición, que únicamente podría
ser doctrinaria y por tanto excluyente a más de pretenciosa,
sobre cómo serán o deberían ser las logias
en este siglo en el que nos encontramos, y cuyos primeros pasos
ya los estamos viviendo; yo diría que los hemos vivido lo
suficiente para sentir que sí, que definitivamente estamos
en los albores, no de un nuevo siglo, sino de mutaciones sociales,
económicas y políticas, que ya empezaron a aflorar
en los últimos tramos del siglo XX. Mutaciones sustanciales,
de cambio de época. Y, como en todas las mutaciones, lo viejo
se resiste a morir y lo nuevo no termina de nacer.
L´esprit du temps,
el espíritu del tiempo que vivimos, utilizando esa expresión
tan francesa y tan cara a Beresniak, es, en mi opinión, el
de la incertidumbre, la confusión, la intolerancia, el fanatismo,
el miedo, en definitiva, que impregna nuestras sociedades, que aparecen
subyugadas al dinero, utilizado con cínico egoísmo,
como valor fundamental.
Pienso que desde finales
de los años 70 se ha llevado a cabo una especie de contra-revolución
conservadora, evidenciada entonces con personalidades emblemáticas
como Ronald Reagan o Margaret Thatcher, en el plano político,
y Karol Woytila o el ayatolah Jomeini, en el ámbito religioso.
A los antiguos enfrentamientos
Este-Oeste y Norte-Sur, se ha ido uniendo así esa confrontación,
nueva y vieja a la vez, que podríamos llamar Laicidad versus
Fundamentalismo, cuya carga de profundidad tiene una enorme dimensión,
espacial y temporal. La contra-revolución conservadora tiene
su paradigma actual en el desafío a la laicidad oficial en
los países europeos, impensable hace solo una generación.
Es en esos años, precisamente,
cuando empieza Beresniak a publicar sus libros; desde 1975, aproximadamente,
hasta 2005, año de su muerte, aunque han seguido apareciendo
algunos títulos póstumos. Tuvo tiempo, pues, Beresniak,
para contemplar el atentado contra las Torres Gemelas de Nueva York,
ese icono del terror que marca indefectiblemente el comienzo del
nuevo siglo.

Pudo ver también Beresniak
la invasión de Irak, mucho más que un error político:
una ignominiosa barbaridad que continúa sembrando de cadáveres
las tierras que fueron origen de nuestra civilización, que
desestabilizó aún más a una región explosiva,
que provocó fracturas internacionales de gran calibre y que
dio la puntilla, en mi opinión, al todavía vigente
esquema organizativo de Naciones Unidas, que era ya un organismo
renqueante y necesitado de profundas reformas, y que desde entonces
creo que está definitivamente desprovisto del crédito
referencial que es la razón de su existencia. Añadamos
a este panorama la catastrófica debacle financiera en la
que ahora estamos inmersos, y cuyos efectos futuros pienso que serán
bastante más considerables que los que hoy podemos percibir.
A velocidad inusitada se
producen cambios geopolíticos, sociales y económicos
de gran magnitud. Han aparecido con fuerza los que ya se sabía
que serían los nuevos actores que van a marcar el desarrollo
de, al menos, la primera mitad del siglo: China, en primer lugar,
la Unión India, y Brasil, que junto a Rusia forman el llamado
BRIC.
Vivimos una época
preñada de amenazas, en el que el desafío más
importante es lograr que nuestro planeta pueda seguir siendo habitable,
lo que obligará necesariamente a cambios de gran calado.
Todo este desconcierto generalizado es caldo de cultivo, como es
fácil entender, de toda laya de profetas y oportunistas.
Tiempos idóneos para la demagogia y el populismo.
La mediocridad, la deshonestidad
y la falta de escrúpulos de tantos de nuestros políticos
de hoy, son aprovechados para desprestigiar a la Democracia y a
la propia actividad política, sin darse cuenta que a esa
mediocridad, a esa falta de honradez y escrúpulos colaboramos
todos, con nuestro alejamiento del ágora o con nuestro desprecio.
No somos mejores que nuestros políticos, que no son, que
no puedes ser, en una sociedad democrática, otra cosa que
el reflejo de la propia sociedad, es decir de nosotros mismos.
Estamos en Europa, la cuna
de la Francmasonería y de la Ilustración. Una Europa
que se encuentra ante la disyuntiva fundamental: progresar o estancarse.
Y lo que se estanca, se desnaturaliza y muere. La Unión Europea
se ha ido construyendo en un tiempo asombrosamente rápido
para la gigantesca envergadura del proyecto. Como en toda empresa
humana hay crisis derivadas de su propio desarrollo que exigen ajustes
y replanteamientos.
Pero ahora, no sólo
está huérfana de liderazgo, está huérfana
de eso que en el lenguaje político llaman hoja de ruta,
es decir, de un proyecto que impulse a la Unión por el único
camino posible: el de más unión. Los egoísmos
nacionales y los reaccionarismos, cada vez más agresivos,
junto a la ausencia de una necesaria iniciativa política
que esté a la altura del desafío, no pueden ser nunca
buenos augurios.
Permitidme leeros la parte
final de un artículo de Lluis Bassets, director adjunto del
diario español El País, titulado La
Europa suicida, y que está impulsado por la virulenta
expulsión de inmigrantes africanos de Calabria, en esa Italia,
dice Bassets, que una vez más marca el camino con frecuencia,
leo textualmente, para lo mejor: el Renacimiento. También
para lo peor: el fascismo. El artículo apareció
hace dos meses y esa parte final dice así:
El problema central
con el que se enfrenta Europa es el de construir un modelo eficaz,
respetuoso y civilizado de integración de sus inmigrantes,
que permita absorber la mano de obra necesaria para mantener su
riqueza, sus valores y formas de vida y sobre todo el Estado de
bienestar. Éste es el reto que plantea un mundo cambiante,
en el que las próximas cuatro décadas contemplarán
cómo Europa se encoge de forma drástica respecto al
resto del planeta, tanto en su demografía como en su producto
interior bruto y no digamos ya en su capacidad de acción
política, merced esta última a su ya proverbial indolencia.
En el mes de Enero, China
ya ha superado a Alemania como primer país exportador y a
Estados Unidos como primer mercado automovilístico del mundo.
Durante 2010 puede superar a Japón en cifras de PIB, convirtiéndose
en la segunda economía mundial detrás sólo
de EE UU. En las cuatro próximas décadas Europa perderá
a espuertas peso, riqueza y poder no sólo en relación
a China sino a Brasil e India. Según ha señalado Felipe
González, en un adelanto de sus reflexiones sobre el futuro
del continente, necesitaremos para 2050 nada menos que 70 millones
de trabajadores inmigrantes nuevos.
Frente a estos cambios radicales,
la reacción digamos que espontánea de la población
europea es conservadora y defensiva: ante la pérdida de peso
y centralidad, la pluralidad y la diferencia, atrincherémonos
en nuestra identidad e ideología. La lista es larga: el referéndum
suizo contra los minaretes, la prohibición francesa del velo
en las escuelas, el discurso de Ratzinger en Ratisbona, el ascenso
de partidos xenófobos, las modificaciones en las leyes de
asilo e inmigración, o la hostilidad francesa y alemana al
ingreso de Turquía en la UE. Como resultado, la imagen de
una Europa fortaleza, que expulsa y criminaliza a sus inmigrantes,
está pegando fuerte, mucho más de lo que se percibe
desde la propia Europa, en todo el resto del mundo.
Contrariamente a lo que dice
el manual progresista al uso, el suicidio de Europa no es la aplicación
de un proyecto de extrema derecha. O no sólo. La tierra donde
crece son las tensiones y dificultades que sufren, sobre todo, los
más desasistidos: en Calabria hay también una guerra
entre pobres. Desde los suburbios franceses lepenizados hasta los
parados calabreses que la 'Ndrangheta manipula, la base social más
genuina del populismo y de las pestes negras del signo que sea son
siempre los menos favorecidos. Luego está el abono que los
hace crecer: ese Estado ausente, corrupto y privatizado. Y una lluvia
fina mediática hecha de antiprogresismo, incorrección
política y comunitarismo occidental disfrazado de universalismo.
Al fin lo que tiramos por
la borda son los valores genuinamente europeos, las ideas de la
Ilustración que han sido hasta ahora la tracción de
la modernidad occidental. Por este camino, primero perderemos el
alma, pero después lo perderemos todo, Estado de bienestar
incluido (Fin de la cita)
Cita larga, disculpadme.
Pero nos encontramos en la capital política de la Unión
Europea y me parece muy oportuno abundar en lo que tan directamente
nos afecta. Está claro que las grandes utopías de
los siglos XVIII y XIX, nacidas del espíritu de la Ilustración,
han quedado, o al menos, aparecen arrumbadas, y las libertades y
conquistas igualitarias alcanzadas tanto en ese período como
en el siglo XX, se están viendo sometidas a formidables embates.

El espíritu de la Ilustración, el sapere aude
de Kant, el atrévete a saber, a servirte de tu
propio entendimiento, ese espíritu que puede remontarse hasta
Sócrates y que nunca ha dejado de soplar a través
de los siglos, es el espíritu por el que respira la Masonería.
No voy a extenderme en este apartado, que fue, precisamente, el
tema que ocupó la Tenida del año pasado de esta R..
L.. de estudios, celebrada al Or.. de Lisboa, y sobre
la que disertó el H.. Javier Otaola en una estupenda
plancha. A ella me remito. Y a su afortunada expresión de
Ilustración escarmentada, porque no debemos ni
podemos olvidar nunca las terribles lecciones del pasado, y en primer
lugar las que tenemos más cercanas, las bárbaras carnicerías
del siglo XX.
Todo ese extenso escenario
que he descrito sobre las mutaciones que estamos viviendo desde
el tramo final del siglo XX, acentuadas por los acontecimientos
que han marcado esta primera década del nuevo siglo, ofrece,
pues, motivos más que inquietantes de preocupación;
y más sobrecogedores aún si tenemos en cuenta las
lecciones pretéritas.
Hoy tenemos la prueba
dice Beresniak de que que ningún discurso razonable
puede resistir la fuerza de los mitos, sobre todo durante los períodos
económicamente difíciles. El miedo al mañana
favorece la regresión, y bajo su delgada pátina de
civilización, el hombre depende aún de una estructura
mental arcaica, poblada de fuerzas obscuras que hacen de él
un bárbaro.
...Pero los sucesores de
los ilustrados, los racionalistas, no han refinado desde
el siglo XVIII su opinión sobre los mitos. Para ellos, un
mito no es más que una fábula sin interés y
piensan que mostrarlo como tal lo hará desaparecer. Gracias
a este error corremos el riesgo de experimentar una regresión
a la barbarie, agravada por los medios técnicos actuales
(Fin de la cita)
Yo creo que la vida es un
conflicto permanente, y por tanto un reto que debemos aprender a
resolver cada vez mejor. Vivir es peligroso, o como escribe Beresniak
: Vivir es estar amenazado por la muerte y todo comienzo anuncia
un fin. Siempre hay excelentes razones para tener miedo. No se trata
de burlarse de ese miedo. Al contrario, conviene, si queremos sobrevivir,
tomar muy en serio los peligros y no escatimar los medios para prevenirlos
(Fin de la cita)
Hay que huir, pues, de los
catastrofistas y de los que Beresniak denomina turiferarios del
pasado, y denunciar la utilización de las amenazas reales
en beneficio de las ideologías totalitarias.
Nosotros, francmasones
de hoy, de ayer y de mañana, vemos en el totalitarismo el
mal supremo, recuerda Beresniak. Nuestro trabajo consiste en matar
en nosotros mismos el hombre viejo, el que cree que sabe y, que
de esta forma, reacciona en lugar de actuar, para generar el hombre
libre que sabe que cree y que, de este modo, aprende a actuar verdaderamente.
Beresniak resume de modo
certero el objetivo del francmasón con esa afortunada expresión
de actuar en lugar de reaccionar, que es mucho más
expresiva en lengua francesa: agir au lieu de réagir.
Es posible que en este punto
de mi disertación, algunos de vosotros os preguntéis
si esto es una plancha sobre Masonería y Logias o un discurso
político. Y quizá se os esté apareciendo, virtualmente,
el aviso de que en Logia no se puede hablar de política ni
de religión. La Masonería es un Centro de Unión,
como sabemos todos. Las discusiones políticas y religiosas
que dividen al mundo profano no pueden tener cabida en Logia.
Eso quiere decir que en Logia
no se permiten discusiones partidistas o ideológicas, debates
entre creyentes de diferentes religiones o entre creyentes y no
creyentes, pero no quiere decir, y así lo entiendo yo y muchos
otros masones, que en Logia no se pueda reflexionar, intercambiar
ideas o pensamientos sobre lo que nos concierne como personas y
como ciudadanos. Al contrario.
¿Es una discusión
religiosa, por ejemplo, reflexionar en Logia sobre la laicidad?
No solamente no lo creo, sino que pienso que la laicidad debe seguir
siendo, con la misma o mayor fuerza que lo ha sido en los siglos
XIX y XX, un elemento permanente de intensa reflexión en
las Logias. ¿Cómo no lo puede ser ante las amenazas
a las que me he referido en la parte inicial de mi exposición?
Esas amenazas cobran en España
un carácter singular, por la brutal agresividad de la jerarquía
de la Iglesia Católica Española, que fiel a su papel
inquisitorial y dogmático, pretende imponer a la sociedad
su ultra-derechismo y los privilegios de los que ha gozado en el
pasado. La violencia verbal de arzobispos como el de Granada cuando
afirma que si la mujer tiene derecho a abortar, el hombre
puede entonces abusar del cuerpo de la mujer es la muestra
de una intolerancia fanática rayana con la criminalidad.
¿No entra en el ámbito
de la Logia reflexionar, exponer posiciones, intercambiar ideas,
sobre los problemas y los desafíos políticos, económicos,
sociales de nuestras sociedades?
Hablemos más concretamente
¿es lícito en Logia plantear, por ejemplo, la desaparición
de los paraísos fiscales? ¿Es eso discutir de política?
¿Se trata de un asunto partidista o de algo que afecta a
la inmensa mayoría de la población del planeta?

No hace mucho tiempo comenté
a un dirigente socialista que ante la falta de un discurso alternativo
de la izquierda, mi opinión es que ésta debería
plantearse y abordar no programas máximos propios de ideologías,
es decir de universos cerrados, sino de un pequeño ramillete
de grandes desafíos que supongan cambios profundos que nos
hagan avanzar hacia una sociedad más libre y más igualitaria.
Y le dije que, para mí, la eliminación de los paraísos
fiscales constituía un reto, capaz, por sí solo, de
propiciar un cambio radical del mundo en el que vivimos.
Cuando el movimiento obrero
del siglo XIX se planteó que había que empezar a construir
un sistema de seguridad social para los trabajadores, pocos creyeron
que aquello fuera posible. Sin embargo, después de la segunda
guerra mundial, y de muchos años de luchas y reveses, aquella
idea se hizo realidad y hoy, a pesar de la regresión a la
que pretende llevarnos la contra-revolución conservadora,
nadie se imagina un mundo sin seguridad social pública.
¿Somos capaces de
imaginar un mundo sin paraísos fiscales? ¿Nos damos
cuenta de la magnitud que ello supondría, de sus enormes
consecuencias económicas y sociales? Yo no puedo ni quiero
imaginar una sociedad que asuma resignadamente el presente y no
se embarque en la lucha para que un día desaparezcan los
paraísos fiscales. Podría ser fácil. Bastaría
la voluntad política de los dirigentes de un reducido grupo
de países poderosos, pero sabemos que eso no es fácil,
que probablemente debe hacerse de forma progresiva, que no quiere
decir complaciente o parcial. Pero, en cualquier caso, me parece
un reto fundamental para un mundo mejor.
Hoy, los masones nos enorgullecemos
de aquellos hermanos francmasones que hicieron posible, o que contribuyeron
a hacer posible, los Derechos del Hombre, la Laicidad del Estado,
el mutualismo, la abolición del esclavismo y otras grandes
realizaciones. Pues bien, a mí me gustaría que los
masones del siglo XXII pudieran enorgullecerse de que sus hermanos
del siglo XXI contribuyeron a eliminar los paraísos fiscales,
a eliminar el uso militar de la energía atómica, a
generalizar la denominada responsabilidad social empresarial, a
establecer un nuevo modelo de desarrollo compatible con el equilibrio
ecológico del planeta, a establecer un sistema internacional
de regulación y control de los mercados financieros, a convertir
Europa en una nueva entidad política federal unida económica
y socialmente y a la creación de un sistema de gobernanza
mundial dentro de una nueva organización de las Naciones
Unidas. ¿Es esto una discusión política?
En opinión de Beresniak
y le cito textualmente: No es la política en sí
la que es perjudicial para la Enseñanza masónica.
Lo que es perjudicial es la obsesión por la política.
Lo es la idea de que la política es la única vía,
la única actividad que justifica la existencia de una Logia.
Allí donde se vive esta obsesión, allí donde
la política es reconocida como el único camino, es
imposible brillar. Esta imposibilidad se hace evidente en cuanto
se examina el comportamiento de un ser humano totalmente involucrado
en la política. Tiene que integrarse en un aparato del que
se convierte en prisionero. (Fin de la cita)
El transcurso del tiempo
ha evidenciado que la estructura de los partidos políticos
ya no se corresponde con los profundos cambios sociales y la revolución
tecnológica que se ha operado en nuestros días. Los
partidos y el parlamentarismo continúan siendo imprescindibles,
pero el carácter y las formas de participación política
están modificándose con rapidez. Demasiada gente lo
fía todo a los líderes políticos, que son necesarios
como expresión de corrientes organizadas de opinión,
y en algunos casos, como el de Gandhi, Mandela y Martin Luther King,
son referentes sociales y morales, pero que no deben hacernos orillar
nuestros deberes como ciudadanos.
El severo descenso a lo largo
de este siglo de la importancia política y económica
de una Europa demográficamente distinta ¿Cómo
va a afectar a la Masonería, que tiene un carácter
universal pero que lleva el indeleble sello de la Europa en la que
se constituyó? ¿Cómo podrá extenderse
nuestra Orden entre los nuevos grandes actores que van a protagonizar
este siglo XXI?
Otra pregunta: ¿Que
dimensión pueden cobrar las nuevas tecnologías, en
especial Internet, en el trabajo masónico y en el desarrollo
de la propia Masonería?
Es evidente que yo os estoy
hablando desde una postura asumida de masón liberal y adogmático,
utilizando esa terminología habitual entre nosotros. No quiero
hacer circunloquios y diré claramente que, en mi opinión,
la masonería anglosajona es un estilo declinante. El propio
Beresniak señalaba, hace quince años, que el número
de masones se había estancado en Inglaterra y disminuía
claramente en los Estados Unidos, y pronosticaba, extrapolando tendencias,
que el estilo masónico anglosajón, todavía
mayoritario en efectivos, sería ya minoritario en esta primera
década del siglo XXI. Yo no sé si, efectivamente,
ese pronóstico se ha cumplido, ni me parece tampoco determinante
que haya sido así o no.

Lo que sí me parece
importante señalar es que, en mi opinión, ninguna
Obediencia puede arrogarse el derecho a excluir a otras Obediencias
regularmente constituidas. No me parece que resulte lógico,
ni justo, leer las Constituciones de Anderson en el siglo XXI con
los condicionamientos sociales de hace trescientos años.
Cegar caminos es negarse a ir más allá,
cerrar opciones, no evolucionar.
Los jóvenes
dice Beresniak y leo textualmente no se interesan
en una asociación que rehúsa abordar los problemas
fundamentales, que sólo se manifiesta por medio de la filantropía
y que consagra mucho tiempo a frívolas mundanidades
(Fin de la cita)
Las Logias del siglo XXI
no creo que puedan ser ajenas al espíritu de su tiempo. No
lo fueron, así lo pienso, las Logias en el siglo XVIII, ni
en el XIX, ni en la primeras décadas del siglo XX. No voy
a hacer ahora, ni soy yo una persona indicada para ello, análisis
alguno de la realidad masónica de la segunda mitad del siglo
XX. Entre otras poderosas razones, porque en España esa realidad
simplemente no ha existido hasta que hace treinta años comenzara
la lenta y difícil, aunque también ilusionada y apasionante,
reconstrucción de la Francmasonería en nuestro país.
Y curiosamente, sin que haya
relación de causalidad, pero sí de feliz casualidad,
el renacer de la masonería española ha coincidido
en el tiempo con lo que a mí me parece una feliz agitación
de la Masonería en la Europa continental. En los últimos
años del siglo pasado y en esta primera década del
presente, las noticias que llegan de Francia indican que en ese
país tan referencial, la Masonería está de
nuevo sumando efectivos.
Sabemos bien que la cantidad
no significa necesariamente calidad masónica, pero es un
índice siempre positivo, porque muestra que la Masonería
continúa siendo un polo de atracción. A mí,
como supongo que a vosotros, me parece lógico que así
lo sea. Lo que me parece menos lógico es que no lo sea en
mayor medida. Porque yo creo que, en esta época de turbulencias
y de cambios, hay muchos hombres y mujeres que desean un marco de
referencia en el que primen los elementos primordiales de la vida
humana y de nuestro cosmos, y los valores universales que elevan
la dignidad de las personas y buscan el progreso de las condiciones
de la existencia humana.
Son personas que no permanecen
indiferentes a los enigmas de la vida y de la existencia, que quieren
progresar moral e intelectualmente, cultivar la tolerancia y el
respeto a los demás, desarrollar sus facultades sin manipulaciones
ni prejuicios, y poner así su grano de arena para mejorar
un mundo que camina impetuosamente hacia una globalización
a la que le faltan principios y símbolos integradores, un
mundo que lo banaliza todo, incluso la violencia.
El simbolismo masónico,
cuyo metalenguaje trasciende los idiomas y busca unir
lo disperso, tiene una potencialidad extraordinaria, y nosotros
estamos convencidos de que no ha perdido su fuerza, su vigor, su
capacidad esclarecedora y educativa. Al contrario, yo, particularmente,
pienso que cada vez en mayor medida puede atraer a muchos de esos
hombres y mujeres, que desean un marco de referencia en el que puedan
desarrollar la mejor versión de sí mismos, que diría
nuestro H.. Javier Otaola.
Sin embargo, sigue habiendo
muchos, demasiados, que lo ignoran, otros que lo consideran simplemente
caduco o que les resulta extravagante o lejano, y abundan los que
lo perciben como cultivador de prácticas ocultistas poco
dignas de confianza. Por no hablar de quienes lo ven como una secta
o con el estereotipado cliché de la conspiración.
Hablo, fundamentalmente, de la situación en España.
De esta situación,
alguna responsabilidad, sin duda, tenemos los propios masones. Creo,
sinceramente, que estamos demasiado constreñidos por un secretismo
y una coraza separadora del mundo profano que tiene diversas explicaciones
comprensibles, pero que también se debe, en mi opinión,
a interpretaciones reductoras de los misterios y secretos
de la Francmasonería.
La exposición
a la luz es beneficiosa para la Masonería por más
de un motivo - afirma Beresniak - Permite responder a las calumnias
y a la propaganda totalitaria. Permite obtener nuevos adeptos. Permite,
en fin y sobre todo, ocuparse de ella misma, formular un pensamiento
específico y enriquecerse de manera que tenga honorablemente
su lugar en el mundo de las ideas.
Cuando se expone al público
despierta más atención que cuando se disimula. Se
cuida y se presta atención a lo que se dice. Rápidamente
se siente la obligación de renovarse. Así pues, se
trabaja más y mejor. Cuando se dicen cosas entre íntimos
y al abrigo de las indiscreciones, las burradas no tienen importancia;
uno se puede abandonar a la mediocridad y a la repetición
de las mismas trivialidades. No ocurre lo mismo cuando se participa
a la luz del día en un debate de ideas.
Los valores humanistas deben
ser no sólo defendidos, sino también divulgados. En
todos los campos de la actividad humana, los masones han de facilitar
un esclarecimiento útil. El contenido de la Enseñanza
masónica invita a ello y se enriquecerá ella misma
por medio de esta acción. (Fin de la cita)
Antes indicaba que os estoy
hablando desde una posición asumida de masón liberal.
Pero también he grabado esta plancha desde una doble y creo
que beneficiosa perspectiva. Por un lado, la de ejercer mi actividad
masónica en esa universalidad concreta que es España,
donde la persecución y práctica desaparición
de la masonería durante cuarenta largos años ha tenido,
pienso, una consecuencia positiva: la masonería española
tiene muy pocas hipotecas.
Es una masonería bastante
modesta todavía, y quizás demasiado fragmentada, pero
que ha logrado asentarse y, además, con buenas dosis de frescura
y de espíritu libre, no exentas de trabajos hechos con seriedad
y rigor. Con el añadido, como señalaba anteriormente,
que su renacimiento coincide con una benéfica agitación
en el seno de la masonería europea. Una masonería,
pues, que invita al trabajo y a la ilusión, o, al menos,
así me lo parece. Un buen punto de partida para nuestra actividad
constructora en este siglo XXI.
Por otra parte, soy un joven
masón encanecido y, pese a las lecciones del espejo, me gustaría
pensar que la plancha también está grabada con una
perspectiva, al menos, de juventud de espíritu, ya que es
bastante más dudosa la juventud de las ideas expresadas.
Las logias del siglo XXI
creo que requieren juventud, y no sólo la que se mide por
la edad profana, pero, desde luego, también por ésta,
porque el espíritu del tiempo en que vivimos no puede estar
presente en nuestras logias si las nuevas corrientes culturales,
de pensamiento y de costumbres que van llegando, a veces de forma
vertiginosa, no forman parte de de nuestras logias y de nuestras
reflexiones.
No creo que podamos conformarnos
sólo con nuestras viejas prendas en las que tan a gusto y
confortablemente nos encontramos, con esa calurosa fraternidad que,
por otro lado, debemos seguir cultivando y profundizando, porque
ser una fratría iniciática es precisamente lo que
nos distingue y el elemento que nos hace progresar.
Pienso que los retos y desafíos
que nos plantea este siglo nos obliga a tener también muy
presente a la ciencia y a los científicos, cuyo papel, estoy
convencido, va a tener una importancia creciente, al tiempo que
la masonería puede dar nuevas perspectivas a los hombres
y mujeres de ciencia. En este sentido, Daniel Beresniak recomendaba
vivamente la lectura del libro de Paul Fayereband Contre la
méthode. Esquisse dune theorie anarchiste de la connaisance
(Contra el método. Esbozo de una teoría anarquista
del conocimiento).
He abordado esta plancha
más como un ejercicio de divulgación que como la expresión
del discurso elaborado y maduro, propio de un pensador. Por eso
utilizo, abusando de vuestra paciencia, citas que alargan esta disertación.
No he velado mis opiniones en todas aquellas vertientes o aspectos
en los que creo tener una opinión formada, pero el objetivo
ha sido más preguntarme que afirmar.
Abusaré, sin embargo,
un poco más de vuestra paciencia para, en esta última
parte de mi exposición, abordar brevemente algunos aspectos
que yo creo que pueden marcar el devenir de las Logias masónicas
del siglo XXI. En primer lugar la incorporación de las mujeres
a la masonería, donde todavía son una presencia minoritaria.
Creo sinceramente que las
Obediencias que nieguen la Iniciación masónica a los
mujeres están condenadas a ser residuales. Yo no concibo
una Francmasonería en el siglo XXI que no defienda y practique
la completa igualdad de derechos de las mujeres. Eso no quiere decir,
atención, que todas las Logias deban ser mixtas.
Me parece que el ejercicio
primordial de la libertad exige que las Logias puedan ser masculinas,
femeninas o mixtas, de acuerdo con las preferencias de cada masón
o masona. Yo entiendo perfectamente que haya hombres que se sienten
más cómodos trabajando entre hombres, al igual que
hay mujeres que prefieren trabajar con otras mujeres. ¿Por
qué no van a poder hacerlo con la misma libertad que quienes
trabajamos en logias mixtas?
En este sentido, la llamada
triple opción de la Gran Logia Simbólica
Española (GLSE), es decir la posibilidad de constituir logias
masculinas, femeninas y mixtas, me parece la solución más
lógica, más moderna y más inteligente. La condición
que sí debe prevalecer, creo yo, es que cualquier logia debe
acoger como visitante a cualquier masón o masona, independientemente
de su sexo.
Ese mismo espíritu
de apertura es el que también creo que debe prevalecer en
las relaciones entre las diversas Obediencias. El espíritu
fraternal y tolerante que hoy practican algunas logias de los autodenominadas
regulares, haciendo caso omiso de las prohibiciones
que imponen, en este sentido, sus órganos obedienciales,
debería ser la práctica cotidiana de todas y cada
una de las logias masónicas. Las Logias del Siglo XXI deberían
estar abiertas a cualquier masón o masona, regularmente iniciado,
independientemente de la Obediencia en la que está federada
su logia de afiliación. Eso sólo puede redundar en
beneficio de todos y cada uno de los masones, y en beneficio, en
definitiva, de la propia Masonería.
Así pues, Libertad
y Apertura, con mayúsculas pero también Pluralidad.
¡Que al Gran Arquitecto no le plazca que un día
todas las Logias masónicas se federen en una sola Obediencia!
exclama Daniel Beresniak ¡Qué desgracia,
que empobrecimiento, que regresión trágica si todas
las piedras más o menos brutas y más o menos pulidas
se funden en un monolito!
La naturaleza progresa yendo
de lo simple a lo complejo y desear la unidad es manifestar un gusto
malsano por un pasado mítico.
A la unidad simplificadora
y totalitaria continúa Beresniak oponemos nuestros
votos por la unión en la diversidad. Que todas las Logias
se abran a todos los visitantes. Que ninguna se cierre al compañero
viajero. Pero que sea cada una de ellas un aspecto de la realidad
masónica sin pretender abarcar toda esa realidad. Que cada
color alumbre sin pretender ser toda la luz. (Fin de la cita)
Creo que los masones no debemos
nunca de perder la mirada crítica. Para mí la masonería
es, entre otras cosas, un ejercicio permanente de reflexión
y crítica sobre uno mismo y lo que nos rodea, y eso incluye,
desde luego, a la propia Masonería. En las Logias del siglo
XXI pienso que se deberá reflexionar, con tanta seriedad
como prudencia pero sin cortapisas ni prejuicios, sobre todo lo
relativo a nuestra Orden, incluyendo aspectos como el propio decorum
de las logias, excesivamente tributario de otras épocas.
Con mucha probabilidad, el espíritu de nuestro tiempo nos
pide también renovaciones estéticas que reflejen ese
espíritu.
Nuestros rituales son nuestro
maravilloso Tesoro. Son el simbolismo dinámico de la Masonería.
Se han ido decantando y enriqueciendo a lo largo del tiempo. En
nuestros Símbolos y Rituales creo que se encuentra la esencia
de la Masonería. Por ello, si algo debemos tratar con suma
prudencia son los rituales. Pero también pienso que no debemos
verlos como algo intocable. No lo han sido en siglos anteriores
y no deberían serlo en el futuro. Para ello me parece imprescindible
el estudio riguroso de los propios Ritos y su historia, porque quizá
sean éstos, en mayor medida que las propias Obediencias,
las que definen los diversos estilos masónicos. Y nos ayudará
también a descubrir que la diversidad de estilos supone un
enriquecimiento de la propia Masonería.
Vuelvo a citar a Beresniak:
La Masonería no es monolítica. Su variedad les
parece paradójica a algunos. De hecho la unanimidad la empobrecería.
Las divisiones internas mantienen una efervescencia que sirve para
el surgimiento de ideas nuevas...
...Las contradicciones son
indispensables. Una logia abierta al mañana busca la heterogeneidad
y huye de la homogeneidad. No deja que se instale una ideología
obligatoria. Trabaja las preguntas y no recibe respuesta alguna
como definitiva. Está compuesta de racionalistas y de místicos,
de pobres y de ricos, de intelectuales y de manuales, de simpatizantes
de izquierda y de derecha, de ateos y de creyentes. Vive así
la vocación esencial de la Orden masónica definida
en las Constituciones: La Francmasonería tiene como
fin unir a personas que sin ella hubieran continuado ignorándose.
(Fin de la cita)
Si los últimos quince
años han sido de intensas reflexiones en el seno de la Masonería,
tengo la sensación de que los próximos quince años
pueden estar marcados por un interés notable y creciente
del mundo profano hacia nuestra Orden. No baso mi suposición
en el hecho de que la masonería vuelve a estar de moda
por el éxito de algunos best-sellers literarios y cinematográficos
de los últimos años. Aunque éstos, con bastante
probabilidad, son indicativos de que hay en nuestros días
una atmósfera propicia de atracción por la masonería.
Lo que yo creo es que esa
atmósfera puede ser una realidad más tangible según
nos vayamos acercando al trescientos aniversario del nacimiento
de la masonería moderna, importante acontecimiento que tendrá
lugar dentro de tan sólo siete años, en 2017, y cuyos
ecos se alargarán, con mucha probabilidad, al menos hasta
2023, en que se cumplirán los trescientos años también
de la publicación de las Constituciones de Anderson, documento
fundacional aceptado por todos los masones. Estos aniversarios pueden
ser, por otro lado, una ocasión espléndida para la
reflexión y el debate amplio y en profundidad del estado
actual de la Francmasonería y sobre su papel en el Siglo
XXI.
Es posible que confunda esas
sensaciones, intuiciones o suposiciones con simples deseos, pero,
en cualquier caso, creo que las Logias deben ser, y utilizo una
denominación de Beresniak, el lugar de la efervescencia
y no el santuario de una verdad.
El trabajo del Masón
y sigo con Beresniak consiste en viajar. Eso quiere
decir devenir. La responsabilidad del Masón en la sociedad
consiste en combatir, dentro y fuera de él mismo, la tentación
de inmovilizar el devenir y que éste sea un eterno presente.
Ir a otra parte, más lejos, moverse, buscar, es instaurar
el devenir y por lo tanto crear.
Rehusar a pararse en el camino
es el rechazo a inmovilizar un objeto del saber, sea el que sea,
dentro de una definición cerrada. Rechazar que una forma
sea definitiva es, simplemente, rechazar la idolatría. La
última palabra no será nunca dicha mientras haya palabras
que puedan ser dichas. No hay libro que contenga todo y que haga
inútil cualquier otro libro (Fin de la cita)
Apertura, Pluralidad, Juventud,
Ciencia. Estos cuatro soportes he citado para las Logias del Siglo
XXI. Sin embargo, el soporte fundamental, el que se identifica con
la propia Francmasonería, es el espíritu de la Geometría.
Permitidme, de nuevo, citar
a Beresniak: El número, creación pura del imaginario,
no existe como una cosa pero permite estudiar todas las cosas. El
discurso matemático y geométrico excluye el principio
de autoridad. Todo lo que se dice debe ser mostrado y demostrado.
El geómetra no dice:
creo que la suma de los ángulos de un triángulo es
igual a un ángulo llano porque yo lo sé y lo afirmo.
La relación maestro-alumno está purificada de toda
sumisión incondicional. El maestro debe, cada vez que habla,
justificar sus palabras. Discutirlas no es menospreciarlas. Eso
establece en el seno de la fratría la verdadera y sana igualdad.
La igualdad es compatible
con el reconocimiento del hecho de que unos están más
avanzados que otros y de que existen diferentes enfoques, diversas
maneras de vivir, varios caminos. La igualdad se basa en la afirmación
del derecho de todos a tener acceso al saber y también del
derecho a discutir el contenido de ese saber y los métodos
de su transmisión.
La igualdad reside en la
afirmación de que toda superioridad y toda inferioridad
son estados transitorios, de que todos los Maestros,
en todos los sentidos del término, tienen el deber de conducir
hasta los que aún no lo son, con el fin de proseguir la obra
y de ir más lejos. El espíritu de la Geometría
purifica a la escucha del espíritu de sumisión.
La balanza no figura entre
las herramientas de los constructores. Eso quiere decir que sólo
se juzgan los hechos y que se excluyen los juicios de valor. No
se dice de un número o de una figura que pesa más,
es decir que¨vale más que otro. Todos son diferentes
y todos son igualmente importantes porque si uno solo desapareciera,
los demás no podrían existir. Así la Geometría
enseña que la solidaridad y la igualdad son nociones justificadas
por la pura razón y por la pura experiencia.
El geómetra junta
la razón, la intuición y la imaginación. En
él, todas sus facultades se desarrollan armoniosamente sin
que ninguna de ellas se erija en Reina. Y el geómetra,
como vemos, es también un filósofo y tiene algo que
decir en el ámbito de la política.

La Geometría explora
todos los espacios. No hay en Geometría lugares prohibidos
o tabúes. Permite superar la aparente contradicción
entre el deseo de participar activamente en los asuntos de la sociedad
y el deseo de penetrar los grandes misterios siguiendo la vía
iniciática. (Fin de la cita)
Finalizo ya QQ.. HH..
y amigos. Una Logia masónica es un lugar privilegiado para
la reflexión en libertad, sin temor alguno a no ser respetado,
a no ser tratado como un igual. En ningún otro lugar puede
alguien ser escuchado ya no con la paciencia que estáis demostrando,
sino con la benevolencia fraternal con que lo estáis haciendo.
Me impuse no aburrir, no ser doctrinario y no utilizar la fraternidad
como la excusa del tribuno sin tribuna. Dudo haberlo conseguido,
sobre todo lo de no aburrir. He pretendido sólo hablar con
libertad y en libertad, respetando la vuestra, no buscando vuestro
asentimiento. Exponiendo, con la mayor honestidad posible, lo que
pienso , lo que siento, lo que intuyo, lo que imagino. Teniendo
en cuenta las siguientes palabras de Beresniak, con las que, ahora
sí, concluyo:
La fraternidad que
no está alimentada por el deseo de búsqueda de la
verdad se degrada hasta convertirse en vulgar complicidad. La complicidad
es la caricatura de la amistad. No acerca a los hombres más
allá de una temporada.
La búsqueda de la
verdad que no está asociada al amor al prójimo se
degrada en curiosidad intelectual banal. Cada uno, buscando sólo
su propio enriquecimiento, cierra su espíritu y se estanca
en un comportamiento egoísta que le impide tener mayor altura
de miras. El que, por el contrario, se siente corresponsable de
toda la historia de la humanidad y ama verdaderamente a su prójimo
constata rápidamente que florecen sus facultades de percepción.
No están obstaculizadas por la agresividad.

Amar al prójimo no
es fácil ¡sobre todo cuando se le conoce bien!... Pero
si conseguimos vivir entre personas camino de ser en
lugar de cohabitar entre personas que son, dejamos de
sufrir por los defectos de los unos y los otros. Vemos en el otro,
sobre todo, las promesas y las primicias de un futuro a construir
juntos.
Así, la Francmasonería
dispone, por ella misma, de todos los medios para llegar a ser lo
que pretende ser. Por otro lado, en el alba de nuestro tercer milenio,
el Espíritu del Tiempo que vivimos invita a esta feliz metamorfosis.
(Fin de la cita).
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